martes, 25 de noviembre de 2014

Viajando en el tiempo al pasado de Madrid

Viajar en el tiempo, al menos hacia el pasado, es a veces posible. Yo, hace poco, he estado en el Madrid de finales del siglo XIX, he paseado por sus calles, he visto los comercios y las ropas de la gente, he entrado en los bares y he visto lo que la gente hacía en ellos, he escuchado lo que hablaban, he visto cómo la gente vivía los cambios políticos, he visto la proclamación de Alfonso XII, he conocido las casas de los ricos y también de los pobres, he visitado conventos y vecindarios, he conocido el nombre de las calles y plazas, cómo eran los edificios, dónde se movía el bullicio y a qué horas, los días de mercado y hasta las misas.

Y todo esto sin moverme de casa: en el sofá, en la cama, en el autobús… Durante dos meses quedé atrapada en ese ambiente a través de una historia, una novela que todos conocemos pero que no todos han leído: Fortunata y Jacinta. 

Leyéndola viajas en el tiempo, hasta tal punto que parece que estás allí mismo, conoces tanto a los personajes que sabes cómo piensan y hasta sabes cómo hablan: 

(…)Barbarita empezó a notar en su hijo inclinaciones nuevas y algunas mañas que le desagradaron. Observó que el Delfín, cuya edad se aproximaba a los veinticinco años, tenía horas de infantil alegría y días de tristeza y recogimiento sombríos. Y no pararon aquí las novedades. La perspicacia de la madre creyó descubrir un notable cambio en las costumbres y en las compañías del joven fuera de casa, y lo descubrió con datos observados en ciertas inflexiones muy particulares de su voz y lenguaje. Daba a la elle el tono arrastrado que la gente baja da la y consonante; y se le habían pegado modismos pintorescos y expresiones groseras que a la mamá no le hacían maldita gracia. Habría dado cualquier cosa por poder seguirle de noche y ver con qué casta de gente se juntaba. Que esta no era fina, a la legua se conocía. 

Se dice que Benito Pérez Galdós, cuando ocurría algún hecho importante, cogía corriendo su sombrero, se iba a la calle y gritaba: “¡Me voy! Voy a ver la Historia”. 

De esta novela no sólo sacas ese maravilloso viaje en el tiempo, sacas una historia y unos personajes fascinantes. Fortunata y Jacinta son dos jóvenes totalmente diferentes, nacidas en ambientes y clases sociales diferentes, pero destinadas a estar enfrentadas aunque unidas. La historia, al fin y al cabo, no deja de ser un culebrón: amores, infidelidades, albedrío, matrimonios de conveniencia, manicomios, prostitución, intereses políticos, sociales y económicos, y un sinfín más de artimañas de las que se sirve el autor para engancharnos durante más de mil páginas. 

Fortunata, a la izquierda, es bruta, grosera y pasional. Jacinta, a la derecha, dulce y angelical. 

En 1980 Televisión Española hizo una adaptación televisiva en una miniserie de 10 capítulos que en 2009 reestrenaron en la página web de Radio Televisión Española, donde se pueden ver íntegros todos los capítulos y de forma permanente y gratuita. Ver la serie después de leer la novela, es ver hecha realidad tu propia imaginación. El parecido de algunos personajes y la buena actuación y caracterización de los actores es asombrosa, destacando en extremo el raro, loco, excéntrico, estudioso y enfermizo personaje de Maximiliano. 
El actor Mario Pardo caracterizado como Maxi

Leer Fortunata y Jacinta es una de esas asignaturas pendientes que tarde o temprano hay que cumplir. Déjate caer en sus páginas.

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